viernes, 21 de septiembre de 2007

BREVE ANÁLISIS DE LA REFORMA EDUCATIVA EN EL SALVADOR

Mario Nóchez, febrero 2000
La reforma educativa salvadoreña ha sido promovida, implementada y sostenida por un fuerte financiamiento del Banco Mundial, a partir de los años 90s. Como consecuencia de la fuerte dependencia del financiamiento del Banco Mundial, la reforma educativa ha tenido un enfoque economicista, ya que se parte de la tesis de que “la educación es crucial para el crecimiento económico y la reducción de la pobreza. La educación contribuye a la acumulación del capital humano que es esencial para lograr ingresos más altos y un crecimiento económico sostenido”.[1] Por otro lado se sostiene que “ cuanto más especializada es la economía más general tiene que ser la instrucción… la mejor formación para el trabajo es una educación básica de calidad con características abarcativas, flexibles y polivalentes que permitan sustentar una posterior especialización de acuerdo con las constantes modificaciones del mercado de trabajo”.[2]

En la gestión educativa 1989-1994 se adoptó la política de “ampliación de cobertura”, cuyo propósito principal era la reorientación de la asignación de recursos para la atención prioritaria de la educación inicial, parvularia y básica, especialmente en las áreas más pobres del país. El eje principal de la reforma educativa fue la cobertura y uno de sus programas pioneros para lograr tal fin en las áreas rurales fue el Programa Educación con Participación de la Comunidad (EDUCO), el cual contó con el total respaldo financiero del Banco Mundial a través de un préstamo de US$60,000.000.00 para la Rehabilitación de los Sectores Sociales en El Salvador.[3] El Programa EDUCO actualmente tiene una cobertura nacional y está brindando atención educativa a niños/as desde la educación parvularia hasta el sexto grado de educación básica.

El impacto de la política de ampliación de cobertura para el período 1991-1993 fue de un incremento del 14 por ciento en la matrícula en las zonas rurales, siendo del 19 por ciento en el año de 1991 y de un 29 por ciento para el año de 1993.[4]

La política de ampliación de cobertura de la educación inicial, parvularia y básica, se desarrolla en el ámbito de las políticas globales de educación y pobreza. Sin educación, no hay crecimiento económico y sin crecimiento económico no puede existir superación de la pobreza. De ahí que la educación se convierta en el vehículo esencial para la superación de la pobreza, ya que se ha demostrado que a mayores niveles de escolaridad, se elevan los niveles de productividad de los trabajadores y ello marca la diferencia en sus ingresos laborales.

La política de ampliación de cobertura, presenta tres tensiones que han influido en su desarrollo:
a) Función de la educación: el enfoque economicista impulsado por el Banco Mundial, ha encontrado una fuerte oposición de parte de la Iglesia Católica, partidos de oposición de izquierda, gremios sindicales, particularmente de los docentes, por su visión “utilitarista” ya que reduce al ser humano a una mera pieza del engranaje económico. La visión humanista, impulsada por los opositores al Banco Mundial, aunque no excluye la preparación del hombre para la eficacia y eficiencia laboral, a fin de mejorar su nivel económico y el nivel productivo del país, promueve una transformación educativa centrada sobre un sistema de valores humanistas y personalistas, que deben ser plasmados en las mentes y corazones de las nuevas generaciones. En ese sentido, la educación en El Salvador se encuentra tensionada entre los que impulsan el enfoque economicista y los que impulsan el enfoque humanista.
b) Cuantitativo y Cualitativo: los esfuerzos realizados en la ampliación de la cobertura en la educación inicial, parvularia y básica han sido significativos, ya que se ha garantizado acceso a un mayor número de niños/as brindándoles igualdad de oportunidades. Sin embargo, la ampliación de la cobertura ha ido en detrimento de la calidad, ya que los resultados de las Pruebas de Logros de Aprendizaje, particularmente en las asignaturas de Lenguaje y Matemáticas, reflejan una bajísima calidad de los aprendizajes de estudiantes de tercero, sexto, noveno grado de educación básica, manifestando serias deficiencias en la formación de los mismos. La calidad, de la educación es uno de los principales desafíos que debe enfrentar la educación salvadoreña, para superar dicha tensión.Estado proveedor y estado promotor: la política de ampliación de cobertura redefinio el rol del estado, de proveedor de servicios hacia un promotor de los mismos. El estado salvadoreño, focalizó los recursos hacia las comunidades más pobres del área rural y transfirió la responsabilidad de la administración escolar del Ministerio de Educación hacia los padres de familia de las Asociaciones Comunales Educativas (ACE), a través del Programa EDUCO. Esta nueva modalidad de administración escolar generó conflictos entre los docentes y el Ministerio de Educación, ya que al tener los padres de familia el poder absoluto para contratar y despedir a los maestros, según su desempeño y productividad, amenazaba la estabilidad de los mismos. La nueva modalidad de administración escolar se mira como una estrategia de privatización de los servicios educativos, donde el Ministerio de Educación se convierte en un ente normativo y no ejecutor, dejando dicha responsabilidad en los padres de familia, para garantizar mayores niveles de eficiencia y eficacia, lo cual es coherente con el enfoque economicista del Banco Mundial
[1] Arríen, Juan B. (Ccordinador) y otros, La Educación y la Reforma de la Educación en Cinco Países Centroamericanos. PREAL-UCA/MANAGUA, NICARAGUA, Diciembre 1998, pag. 21
[2] Organización de Estados Iberoamericanos, Sistemas Educativos Nacionales (EL SALVADOR), San Salvador, 1996, pag. 16
[3] Ministerio de Educación, Memoria de Labores de 1990, San Salvador, junio 1991, pag. 37
[4] Organización de Estados Iberoamericanos, op cit, pag. 18.